Especial Docencia 2011-2012
 
Especial Docencia 2011 - 2012
Técnicas para ganarse a la clase

“El primer día de clase abrí la puerta, saludé y empecé a explicar los temas que íbamos a dar durante el curso. Entonces uno de los chicos me interrumpió y dijo: -¿vamos a ver, pero tú quien eres? -Llevas razón, le dije. Salí de la clase, volví a entrar y me presenté. ¿Qué me había dado a entender ese muchacho, además de que había empezado mal? Que en esa clase él era uno de los líderes. Una de las cosas que debes observar siempre en una clase es quién es el líder”.

Por Adolfo Díaz Úbeda

Vicente Lloret, profesor de fontanería con más de 15 años de experiencia en formación con adolescentes, nos muestra en el episodio de arriba una de las herramientas más importantes que puede usar un profesor para contar con una clase motivada y tranquila: tener al líder de su parte. “¿Y con el líder qué es lo que tienes que hacer? Llevártelo a tu terreno y que no esté enfrentado a ti. Tienes que hacer lo que tú quieres, pero contando con ella o él”, afirma Lloret.

La mayoría de los profesores coinciden en que sentir que un alumno ha aprendido “gracias a ti, a tu trabajo” es un momento muy satisfactorio. Pero para llegar a esto hace falta una condición necesaria: una clase en motivada, atenta y con ganas de participar.

Sin embargo, algunos profesores y maestros pasan buena parte de la clase intentando, simplemente, conseguir el clima apropiado para poder enseñar. Sin olvidar que el oficio de profesor tiene también un lado satisfactorio, Llanos Navarro, profesora con 17 años de experiencia sobre el terreno principalmente en institutos de secundaria, nos cuenta cuáles son las dificultades más frecuentes en lo relativo a la actitud de los alumnos: “desmotivación, interrupciones constantes y faltas de respeto al profesor. Otros problemas menos frecuentes experimentados por profesores son agresividad con los compañeros, con el profesor, o el autoaislamiento del alumno”. ¿Qué se puede hacer para evitarlos?

Para muchos docentes es difícil lidiar con estas dificultades en un sistema que ha quitado al alumno incentivos para estudiar y una familia “que consiente todo”. Pero la realidad es que hay que dar clase, y tener al alumnado lo más tranquilo y atento posible redunda en beneficio de todos. Para algunos la solución es clara: mano dura. Defienden posturas que ponen el acento en la autoridad del profesor, el cumplimiento de sus normas y el castigo. Otros, en línea con el espíritu de las leyes actuales, sostienen que hay que tratar a los alumnos con diálogo, repartir la responsabilidad del aprendizaje y trabajar las habilidades sociales. Ciertamente, muchos de los profesores en activo consultados por aprendemas.com, en especial los de 2º curso de la ESO, ven esta opción como algo utópica dada la realidad del los alumnos, y del sistema.

Para Llanos Navarro, que también ha sido jefa de estudios en secundaria durante cuatro años, se trata de buscar un punto medio: “Es importante mantener una actitud firme en algunos momentos y si un profesor es demasiado pusilánime tendrá dificultades para mantener el orden. Pero por otro lado, hay que ser receptivo a las carencias y necesidades de los alumnos, sintonizar con ellos, a la vez que se mantienen claros los diferentes roles en el aula. Es un equilibrio difícil”. Lograrlo, según Navarro, “depende del carácter del profesor o profesora, su experiencia, y también es fundamental la formación”.

En ese sentido, Santiago Petschen, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid, profesor durante casi toda su carrera y experto en comunicación, ha creado el curso ‘El arte de dar las clases’. En él, Petschen ofrece “pautas para mantener a la clase en calma, y también herramientas para mejorar la comunicación, la organización de la materia, captar la atención del alumno y tomar conciencia de los elementos corporales e instrumentales que tiene el profesor a su alcance”. 

En lo que los expertos sí están de acuerdo unánimemente es que siempre es mejor anticiparse a problemas de disciplina y desorden en clase, que intentar ponerles remedio cuando el aula es ya casi “una selva”.

Prevenir, mejor que curar

El consultor educativo Budd Churchward, afirma en su libro ‘The Honor Level System: Discipline by Design’ que un error frecuente es no valorar previamente el nivel de disciplina de un alumno, o de un grupo. “Al igual que primero valoramos el nivel de un alumno en matemáticas o en lengua, debemos valorar su nivel en cuanto a disciplina y tratarlo en consecuencia”.

Para Churchward no se trata de elegir entre la opción “mano de hierro” o “participación y diálogo”, sino que cada grado de esta escala es válido para un perfil de niño o adolescente, o un grupo. Para ello, Churchward define los diferentes niveles de disciplina de los alumnos como: recalcitrante (el más indisciplinado), comportamiento egoísta, disciplina interpersonal (la acepta pero hay que estar detrás), y auto disciplina.

Hecha esta salvedad de que no basta con una pauta de prevención o tratamiento, sino que es necesario valorar para qué alumno o grupo, estos son los consejos que dan algunos profesores sobre cómo prevenir que la clase pierda el respeto al profesor.

Normas claras. Algo compartido por la mayoría de profesores es que el primer día hay que poner las normas claras, sin importar las que tuvieran en el curso anterior. “Yo soy yo, y estas son mis normas. A veces se pueden discutir las cosas, pero una vez fijadas deben quedar claras”, nos comenta Inmaculada Bonal, maestra con 16 años de experiencia. “Por ejemplo, para levantarse hay que levantar la mano, y nadie puede levantarse sin mi permiso”. ¿Qué pasa entonces si un alumno incumple la norma? “Pues las sanciones que tenga estipuladas el centro u otras como quitar privilegios. Por ejemplo, algo recurrente es que si hay una actividad que les gusta, el que ha incumplido la norma se la pierde”.

Cumplir las advertencias y evitar la arbitrariedad. Cuando un profesor amenaza con un castigo, si el comportamiento sigue, debe actuar y ser consecuente. Si no, las siguientes amenazas perderán su efecto. “Siempre hay que cumplir las advertencias, como ‘te escribiré una nota para que la firmen tus padres’ o ‘te pondré una amonestación’” comenta Llanos Navarro. “Y hay que evitar por todos los medios la arbitrariedad, manteniendo siempre los mismos criterios y aplicándolos por igual, aunque un día estés cansada y no tengas ganas de complicaciones”.

Autoridad. La mayoría de los profesores coinciden en que los chavales deben tener claro siempre que el profesor tiene la autoridad. Para Santiago Petschen, “las cuestiones de la disciplina deben enfocarse principalmente desde la autoridad del profesor. La autoridad disciplinaria ‘se lleva dentro’. El profesor que cuenta con dicha cualidad está muy bien protegido, y si un profesor se da cuenta de que le falta la dimensión instrumental de la autoridad debe esforzarse en suplirla como sea”.

Pero no hay que olvidar que ser la autoridad no significa comportarse como un sargento, ni hablar a gritos, sino tomar decisiones y mostrar que se tiene la última palabra. Una forma “clásica” de mostrarlo son las calificaciones. Emeterio Resta, profesor de secundaria durante más de 14 años, nos cuenta: “tuvimos un alumno que era muy follonero, además de corpulento, y no se corregía de ninguna manera. Mi táctica fue sencilla: al final de la 1ª evaluación le daba la media 4'9 y le suspendí. Llegué a arrepentirme, pero ya era demasiado tarde para cambiarle la nota. A la larga aquello me fue de maravilla y no volví a tener problemas con él. Una profesora, sin embargo, al mismo alumno lo aprobó dándole un empujoncillo en esa primera evaluación, y lo tuvo estuvo incordiando en su clase durante el resto del año”. “En términos generales mi experiencia es que para mantener la disciplina tienes que imponerte los primeros días”.

 

Para el formador de formadores, autor de publicaciones sobre docencia y profesor de secundaria durante 18 años Manel Güell, hay que pactar normas, pero hay que llevar cuidado de que el espacio de la clase no se convierta en un campo de batalla. No se debe considerar al alumnado como ‘el enemigo’, porque en la batallas siempre hay heridos. “Considero fundamental replantear el vocabulario, que es un símbolo y toda una metáfora de lo que va a acontecer en el aula. No hay que “luchar” en el aula, hay que hacer un camino juntos, en el cual el profesorado ayuda a guiar y conducir”.

Pactar a través del líder. Como decíamos al principio, los profesores solventes en la tarea de llevar las riendas de la clase suelen localizar al líder y buscar la forma de tenerlo de su parte. “Te das cuenta porque siempre es el primero que abre la boca o el más chulito”, comenta Verónica González, maestra cien por cien vocacional con varios años de experiencia. “Y te tienes que hacer con él como sea. En cierto modo hacerte amigo suyo, aunque sin perder la autoridad. Entonces cada cosa que quieras de la clase, si el líder te apoya, será mucho más fácil”. Pero, ¿cómo consigues eso? “Pues empatizando con él, hablando con él, pasando tiempo, preguntándole por sus cosas, por la música…, dándole responsabilidades en clase, que sea tu ayudante, el delegado, o cosas así. Cuando quieres poner orden él te ayuda, o si te ve molesto a veces el primero en poner orden es él”.

Vicente Lloret recuerda: “Estábamos en la parte práctica del curso y era un chaval bastante conflictivo que con el tema de la fontanería no quería nada, estaba allí porque le obligaba su padre y lo único que hacía todo el tiempo era molestar a los otros y no dejarme dar clase. Así que ya un día me cansé y le dije: macho, tú lo que vas a ser es el vigilante. Te vas a encargar del almacén, de quién saca herramientas, que las herramientas estén colocadas. Bueno pues fue a raíz de darle ese cargo que se convirtió en mi mejor colaborador. ¡De ser conflictivo y problemático pasó a ser uno de los que más me ayudaba a llevar la clase!”

La clase bien preparada. Otra de las pautas para ganarse a los alumnos es llegar al aula con la clase muy bien preparada. “La falta de preparación de la clase produce en el profesor mucho cansancio. La clase bien preparada, como suele preparase una conferencia, origina en el profesor un dinamismo interno que, incontestablemente, se trasmite a los oyentes”, comenta Santiago Petschen.

El consultor Budd Churchward recoge en su página Web algunos consejos más que pueden ser útiles para generar un ambiente de clase disciplinada y en calma. Por ejemplo:

Mensajes en positivo. A la hora de comunicarse con los alumnos, Churchward defiende que no debe hacerse en términos de “no hagas esto”, sino de “quiero que hagas esto”.

Nivel mínimo de intervención. Se trata de, ante una reprimenda, intentar evitar una escalada verbal. Por eso la “reprimenda” o la censura de un comportamiento, según Churchward, debe hacerse al nivel más bajo posible. Por otro lado, ante un alumno disruptor (interrumpe, habla, molesta a los demás) se debe estar paseando por la clase y vigilante, y en cuanto se vea un signo de que el alumno empezará a llamar la atención, el profesor se acerca a él sigilosamente y le reprende de la forma menos llamativa posible, intentando que el resto de la clase no se entere. Hay que intentar que el alumno no tenga la satisfacción de convertirse en el centro de atención.

Avanzar lo que pasará. Para este autor, otra técnica es anticipar a los alumnos lo que sucederá en la clase, mostrando que está todo planeado, y además diciéndoles que al final tendrán unos minutos para hablar entre ellos y comentar cosas de la lección. En cada interrupción por su parte se recuerda a los chavales que si hacen perder tiempo al profesor, son ellos los que perderán el tiempo de hablar con libertad al final.

¿Se puede hacer algo fuera del aula?

Según Llanos Navarro, el profesor también puede hacer algo fuera de las clases para facilitar la disciplina en las mismas. En ese sentido el punto de actuación número uno son los padres. “Son los responsables de la educación de sus hijos, no de transmitirles conocimientos, pero sí de enseñarles valores que les permitan comportarse adecuadamente. Yo procuro hablar con ellos haciéndoles ver que estamos en el mismo barco, que pretendemos los mismos fines: el éxito de sus hijos. La clave está en conseguir que admitan las carencias de sus hijos, que reconozcan que su conducta en el aula no es adecuada, porque si consigues que ellos colaboren contigo, tienes más posibilidades de reconducir la situación”.

Y no hay que olvidar que una parte del trabajo es en equipo. “En cuando al centro educativo, es importante que todos los profesores, así como el equipo directivo y el departamento de orientación, mantengan unos criterios comunes, simples pero respetados por todos. El director ha de apoyar las decisiones de sus profesores pero, a la vez, los profesores deben ser razonables cuando las proponen, asegurándose de que están siguiendo los pasos previamente acordados por todos. Si eso se hiciera así, las medidas resultarían más eficaces”.

Cuando ya tienes el problema

En ocasiones las pautas de prevención no funcionan con algunos alumnos. No hay que olvidar que la enseñanza secundaria en España es obligatoria, una de las principales quejas de los docentes y personal directivo de centros, por lo que casi todos los profesores tienen en clase alumnos con total desinterés que sin embargo no tiene otra opción que seguir en el centro. Algunas de las respuestas que recomiendan los expertos son éstas:

Falta de motivación. “Recuerdo una situación de falta de motivación hacia una asignatura, comenta Manel Güell: La solución fue investigar qué les motivaba fuera del centro educativo. Después diseñé trabajos de la asignatura relacionados con sus centros de motivación y se entregaron totalmente, con propuestas creativas y muy interesantes. Por ejemplo analizar las principales actitudes y teorías éticas a partir de los valores que definían las canciones de sus cantantes o bien filmar en video pequeños cortos, con argumento, sobre algunos temas filosóficos”.

Otra estrategia para motivar es que los alumnos entiendan la utilidad en su vida de lo que deben aprender. Vicente Lloret nos cuenta que “un día estaba comenzando una lección de matemáticas, y un alumno preguntó en voz alta para qué servían las matemáticas para ser fontanero. Enseguida empezaron a quejarse otros, así que les dije, ante la algarabía general, que nos saltábamos el tema, sabiendo lo que pasaría más adelante. Todos lo celebraron. Dos meses después tocó una práctica y los alumnos descubrieron que no sabían calcular partes de la instalación, o no sabían hacer una factura, ni calcular, por ejemplo, el IVA que debían cobrar. En ese momento dije que retomaríamos el tema de matemáticas y todos lo aceptaron sin rechistar”.

Acoso escolar. El acoso de unos alumnos a otros o bullying es un fenómeno que ha crecido en los últimos años. Llanos Navarro nos comenta este caso, acerca de una exalumna: “Lo primero es hablar con la víctima para que pierda el miedo a sus agresoras, para que las denuncie. Nosotros la convencimos de que, una vez las hubiera denunciado, estaría a salvo, porque iniciaríamos un protocolo oficial que no permitiría a las acosadoras seguir con su actitud. La chica lo contó todo, hablamos con los padres de todas e incluso se puso la denuncia pertinente. No se puede frivolizar con estos temas, hay que actuar con contundencia enseguida. El acoso cesó, las acosadoras fueron sancionadas hasta donde le permite la ley a un centro de educación y, por lo demás, el caso quedó en manos de la policía judicial”.

Agresividad hacia el profesor. En ocasiones un alumno con un comportamiento extremo puede agredir al profesor. El consejo más habitual es hacer todo lo posible por no devolver la agresión al alumno, ya que es un menor y el profesor puede tener problemas legales.

Autoaislamiento. Vicente Lloret nos comenta “una cosa que me funciona muy bien con los alumnos que no participan es lo que yo llamo la mesa redonda. En vez de dar una clase en la que yo hablo y ellos escuchan, los siento en círculo, que se vean unos a otros, y les lanzo problemas. ¿Cómo solucionaríais esto? Obviamente los alumnos más lanzados son los primeros en participar, pero poco a poco el ambiente se anima y he comprobado que así, los que nunca preguntan ni responden en la clase tradicional, acaban participando”.

Son necesarios cambios en el sistema

El hecho de repasar pautas de prevención o actuación para mantener la disciplina en clase no quiere decir que todo el peso deba recaer en el docente. La mayoría de los profesores, maestros y personal directivo de centros en España coinciden en que en los últimos años se han dado cambios normativos y de organización que han puesto más difícil mantener el orden en clase y, por lo tanto, el aprendizaje. A esto hay que añadir que el alumno viene de casa con una cultura de disciplina y esfuerzo bajo mínimos.

Entre las propuestas de cambio que pueden escucharse están las siguientes: disminuir las ratios (número de alumnos por grupo), ya que es muy difícil implantar metodologías más cercanas al alumno con grupos de más de 20 chicos; reformar los mecanismos que permiten que un alumno pase de curso sin aprobar una mayoría de asignaturas, y ofrecer otras opciones a los adolescentes que tienen claro que no quieren adaptarse al sistema educativo tradicional. Como nos comenta Mari Llanos Navarro, “no hay que abandonarlos a su suerte, obligándolos a permanecer en un aula seis horas al día, sino proporcionarles algún programa de carácter más práctico, que les sea útil, al tiempo que les forma de una manera más amena, mientras maduran y deciden si de verdad desean abandonar el sistema educativo”.

Para expertos como Manel Güell “es también necesaria una gran inversión en formación del profesorado en nuevas metodologías, en nuevas estrategias educativas. Se trataría de desterrar la clase magistral y sustituirla por dinámicas de grupo, juegos, debates, acciones proactivas por parte de los alumnos, aplicaciones de técnicas creativas, uso de las imágenes, rol playings, juegos de rol y simulaciones, trabajo en equipo, inversión del papel de profesor-alumno, etc”.

Y por supuesto, aparecen propuestas sobre uno de los problemas más difíciles de solucionar: la actitud de los padres, ya que muchos docentes se quejan de que actualmente, “además de que el alumno viene desmotivado y responde mal a la autoridad porque se ha acostumbrado así en casa, la mayoría de los padres, ante un conflicto, se ponen de su lado”. Manel Güell propone “crear una verdadera escuela de padres, de modo sistemático, que insistiera tanto en la formación de los padres como en la colaboración entre padres, profesorado y alumnado en el proceso educativo, en las actividades del centro, y en el diseño de normas internas”.

Cómo mejorar como docente

La preparación pedagógica de los profesores de secundaria ha dado un salto cualitativo tras la implantación del Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES), que ha obligado a sustituir el antiguo CAP por el Máster en Formación del Profesorado de Secundaria. Casi todas las universidades españolas cuentan con este programa, cuya duración suele ser un año y pone mucho más acento que el CAP en la parte práctica de la enseñanza.

Algunos formadores con mucha experiencia han creado cursos específicos dedicados a mejorar las capacidades de los profesores. Es el caso del curso de Santiago Petschen y su programa ’El arte de dar las clases’. Existen también programas relativos a la gestión de centros y, por supuesto, los dedicados a la preparación de oposiciones.

Por su parte, Manel Güell lleva desde 2001 como formador y consultor en la administración pública, centros educativos, instituciones y empresas, y su formación de formadores sigue dos grandes objetivos: facilitar al profesorado instrumentos para su buen estado personal, para su bienestar y su crecimiento psicológico y ético y, en segundo lugar, ofrecer recursos prácticos para desarrollar el trabajo, sobre todo nuevas metodologías como dinámicas de grupo y desarrollo de la creatividad.

Semillas que dan sus frutos

En ocasiones las dificultades de dar clases satisfactorias pueden llevar a algunos profesores a la desmotivación o incluso la depresión. Verónica González, con experiencias en secundaria y acostumbrada a lidiar con alumnos especiales o problemáticos, nos comenta: “recuerdo una reflexión que siempre me anima bastante. El profesor transmite valores y conocimientos a los alumnos pero debe ser consciente de que, muchas veces, son semillas de las que nunca va a ver los frutos. Y sin embargo hay que saber que esa semilla más adelante da frutos que verán otros. Muchas veces, por ejemplo con los alumnos de secundaria parece que no están escuchando pero claro que están escuchando. Hay chicos que no, pero la gran mayoría asume lo que les dices y unos años después esos valores aparecen”.

Por su parte, Llanos Navarro reflexiona sobre el hecho de intentar no dar por perdido a un alumno. “Siempre me acuerdo de uno de mis primeros alumnos. Era un chico muy inquieto, se alteraba fácilmente. Vivía en un centro de acogida, su madre, por lo visto, ejercía la prostitución. Yo era su tutora. Una vez faltó la profesora de educación física y el profesor de guardia se metió en clase con el grupo. El chico se puso hecho una furia porque quería dar la clase de educación física y no permanecer toda la hora sentado en su silla, sin ir al pabellón. El profesor en cuestión habló conmigo, como su tutora, y me dijo que iba a hablar con el jefe de estudios para que lo expulsara, yo le pedí que me dejara hablar con él primero. Lo pillé por los pasillos, le pregunté qué había pasado y él me explicó su enfado. No recuerdo qué le dije, pero sí que lo insté a disculparse con el profesor y lo hizo. La semana siguiente fue a visitarme su tutor legal y me dijo que ese acto, la simple disculpa, había sido el mayor logro que se había conseguido con ese chico hasta ese momento, que debíamos ser pacientes con él porque tenía una situación muy difícil y parecía que tenía alguna posibilidad de salvarse (la verdad es que parecía buena gente). No fue expulsado. Años después me lo encontré por la calle, fue muy agradable conmigo, y me contó que estaba terminando Magisterio”.

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